Rimas por Gustavo Adolfo Bécquer (♦♦♦♦♦)

Esta colección de poesía fue mi primera lectura en ese género, cuando yo tenía once años. Mis posteriores incursiones en la poesía fueron fuertemente influenciadas, en los comienzos, por Bécquer, y aún hoy permanece como uno de mis poetas favoritos junto a Pablo Neruda y Jorge Luis Borges.

Me gustó mucho la Rima X, incorrectamente nombrada IX en esta edición. Es acerca de las extrañas vibraciones en el aire cuando Cupido anda cerca. La Rima XII es mi favorita de todas. Se trata de una joven que tiene los ojos verdes y le gustaría que fuesen de otro color. El poeta trata de convencerla de lo lindos que son, mencionando todos los ejemplos que hay en la naturaleza del color verde. Desafortunadamente, esta rima está incompleta en esta colección.

Porque son, niña, tus ojos 
verdes como el mar, te quejas; 
verdes los tienen las náyades, 
verdes los tuvo Minerva, 
y verdes son las pupilas 
de las huríes del Profeta. 

El verde es gala y ornato 
del bosque en la primavera; 
entre sus siete colores 
brillante el Iris lo ostenta, 
las esmeraldas son verdes; 
verde el color del que espera, 
y las ondas del océano 
y el laurel de los poetas. 

Es tu mejilla temprana 
rosa de escarcha cubierta, 
en que el carmín de los pétalos 
se ve al través de las perlas. 

Y sin embargo, 
sé que te quejas 
porque tus ojos 
crees que la afean, 
pues no lo creas. 

Que parecen sus pupilas 
húmedas, verdes e inquietas, 
tempranas hojas de almendro 
que al soplo del aire tiemblan. 

Es tu boca de rubíes 
purpúrea granada abierta 
que en el estío convida 
a apagar la sed con ella, 

Y sin embargo, 
sé que te quejas 
porque tus ojos 
crees que la afean, 
pues no lo creas. 

Que parecen, si enojada 
tus pupilas centellean, 
las olas del mar que rompen 
en las cantábricas peñas. 

Es tu frente que corona, 
crespo el oro en ancha trenza, 
nevada cumbre en que el día 
su postrera luz refleja. 

Y sin embargo, 
sé que te quejas 
porque tus ojos 
crees que la afean: 
pues no lo creas. 

Que entre las rubias pestañas, 
junto a las sienes semejan 
broches de esmeralda y oro 
que un blanco armiño sujetan. 

Porque son, niña, tus ojos 
verdes como el mar te quejas; 
quizás, si negros o azules 
se tornasen, lo sintieras.

Felizmente redescubrí la rima XXVI. ¡Cuán ciertas estas palabras!

Voy contra mi interés al confesarlo;
No obstante, amada mía,
Pienso, cual tú, que una oda sólo es buena
De un billete del Banco al dorso escrita.
No faltara algún necio que al oírlo
Se haga cruces y diga:
Mujer al fin del siglo diecinueve,
Material y prosaica… ¡Boberías!

Voces que hacen correr cuatro poetas
Que en invierno se embozan con la lira;
¡Ladridos de los perros a la luna!
Tú sabes y yo sé que en esta vida
Con genio es muy contado el que la escribe,
Y con oro cualquiera hace poesía.

También redescubrí y me encantó la rima XC, que también se refiere a ser herido por Cupido.

Rimas por Gustavo Adolfo Bécquer abarca una variedad de tópicos entre los que se encuentran el amor en todas sus manifestaciones, desilusión, y epifanías religiosas y espirituales.

Encontré esta colección en Kindle, aunque es del dominio público. Está plagada de faltas ortográficas pero que en nada disminuyen el impacto de esta excelente obra.

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