Poesía Completa por Jorge Luis Borges- parte 1 (♦♦♦♦♦)


Fervor de Buenos Aires (1923)

En Fervor de Buenos Aires, Borges describe su devoción por Buenos Aires a través de un compendio de poemas dedicados a calles, jardines, barrios, una carnicería, todos estos vistos por medio de los cambios de luz en los atardeceres, la noche y el alba. Pero también dedica epitafios a familiares, a héroes, a desconocidos y al tiempo pasado.

De esta colección mi poema favorito fue Inscripción Sepulcral.

Luna de Enfrente (1925)

Otra vez la ciudad es el tema de esta compilación, pero en Luna de Enfrente, Borges honra no solo a Buenos Aires sino a otras tierras visitadas, como en Dakar, Montevideo y Mi vida entera.

El mismo Borges admite en el prólogo que "la ciudad de Fervor de Buenos Aires no deja nunca de ser íntima, mientras que [en Luna de Enfrente] es ostentosa y pública..."

Al menos dos poemas no aluden a la ciudad en este compendio: uno es Manuscrito hallado en un libro de Joseph Conrad, y el otro es El general Quiroga va en coche al muere.

Versos de Catorce fue mi favorito en esta colección.

A mi ciudad de patios cóncavos como cántaros
y de calles que surcan las leguas como un vuelo,
a mi ciudad de esquinas con aureola de ocaso
y arrabales azules, hechos de firmamento,

a mi ciudad que se abre clara como una pampa,
yo volví de las tierras antiguas del naciente
y recobré sus casas y la luz de sus casas
y esa modesta luz que urgen los almacenes

y supe en las orillas, del querer, que es de todos
y a punta de poniente desangré el pecho en salmos
y canté la aceptada costumbre de estar solo
y el retazo de pampa colorada de un patio.

Dije las calesitas, noria de los domingos
y el paredón que agrieta la sombra de un paraíso,
y el destino que acecha tácito, en el cuchillo,
y la noche olorosa como un mate curado.

Yo presentí la entraña de la voz las orillas,
palabra que en la tierra pone el azar del agua
y que da a las afueras su aventura infinita
y a los vagos campitos un sentido de playa.

Así voy devolviéndole a Dios unos centavos
del caudal infinito que me pone en las manos.


Cuaderno San Martín (1929)

En Cuaderno San Martín hay otra vez odas a Buenos Aires como en el caso de Elegía de los portones, Curso de los recuerdos, Barrio Norte, Paseo de Julio, y Fundación mítica de Buenos Aires, en la que Borges expresa "A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: la juzgo tan eterna como el agua y el aire."

En esta compilación Borges también alude el tema de la muerte como es el caso en La noche que en el Sur lo velaron, Muertes de Buenos Aires y en A Francisco López Merino.

El único poema que me gustó en esta colección fue Fundación mítica de Buenos Aires.

¿Y fue por este río de sueñera y de barro
que las proas vinieron a fundarme la patria?
Irían a los tumbos los barquitos pintados
entre los camalotes de la corriente zaina.

Pensando bien la cosa, supondremos que el río
era azulejo entonces como oriundo del cielo
con su estrellita roja para marcar el sitio
en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron.

Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron
por un mar que tenía cinco lunas de anchura
y aún estaba poblado de sirenas y endriagos
y de piedras imanes que enloquecen la brújula.

Prendieron unos ranchos trémulos en la costa,
durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo,
pero son embelecos fraguados en la Boca.
Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo.

Una manzana entera pero en mitá del campo
expuesta a las auroras y lluvias y suestadas.
La manzana pareja que persiste en mi barrio:
Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga.

Un almacén rosado como revés de naipe
brilló y en la trastienda conversaron un truco;
el almacén rosado floreció en un compadre,
ya patrón de la esquina, ya resentido y duro.

El primer organito salvaba el horizonte
con su achacoso porte, su habanera y su gringo.
El corralón seguro ya opinaba YRIGOYEN,
algún piano mandaba tangos de Saborido.

Una cigarrería sahumó como una rosa
el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres,
los hombres compartieron un pasado ilusorio.
Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente.

A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:
La juzgo tan eterna como el agua y el aire.

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